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Una fuente de la eternad juventud llamada Pachanga


Los pioneros del espiritu festivo “made in Cali” vuelven a bailar para garantizar la vitalidad y la conservación de una cultura urbana en sus cincuenta años.
Amantes de la música, DJ y bailarines, veteranos de los sesenta, resucitan una sucursal del cielo libre y abierta.
Pachanga, Cha Cha Chá, Son, Mambo, Boogaloo y Merengue dan de nuevo ritmo a las noches de la capital mundial de la Salsa.

Capital del Pacifico colombiano, la ciudad de Cali es la segunda ciudad latinoamericana en población afrodescendiente. Cali es diversa. Confluyen allí influencias del Pacifico, de los Andes y del Sur de Colombia.
En la idiosincrasia colombiana, Cali plasma también los estereotipos del narcotrafico, de la violencia, de la extorsión y a menudo de la ociosidad de los desplazados internos –“unos invasores que quieren apropriarse terrenos baldíos” según unos conservadores.
Pese a esa fragmentacion, Cali representa uno de los pocos ejemplos latinoamericanos de convivencia cultural y étnica, armónica y existosa. Aqui siempre se da la bienvenida al extranjero y se valora su aporte.

Cali es considerada hoy por hoy, como capital mundial de la cultura salsera, no tanto por su producción musical sino por su recepción y su “consumo” de la Salsa. Generaciones de campeones mundiales de baile, siguen entrenando y bailando en un centenar de lugares nocturnos, dedicados al “Golpe” – o Salsa dura. Todos esos bailarines actuales son los heredores de una generación dorada : la Vieja Escuela de baile caleño.

Cuando la revolución castrista se traduce por cambios políticos, la Habana cierra sus casinos y sus pistas de baile. Las mas grandes orquestas cubanas migran a Nueva York, donde se vuelven sextetos y cuartetos.

El choque cultural, la convicencia y el intercambio entre artistas antillanos y poblaciones afromaericanas, producen sonoridades y, crean nuevos géneros musicales. Se acelera el ritmo. Se mezcla Danzón, Chachachá, Mambo… hasta que nazca la Charanga.
Su melodía es mantenida por una flauta. Predomina el cencerro y la conga africana. El impacto de ese nuevo género es inmediato. En 1960, “Pacheco y su Charanga, vol.1″ es el disco latino mas vendido en la USA.

El músico Ray Barreto, nacido en el Bronx (Harlem), se la reapropia incluyendo trompeta y saxotenor. Por su lado, Charlie Palmieri incorpora el violín e implementa el canto, para accelerar el ritmo.

En 1965, se da otra etapa en la evolución de la música latina con la creación del Boogaloo. La seguna generación de migrantes cubanos y puertorriqueños cambia la velocidad de la música latina al fusionar Rhythm and Blues, Guajira y Son cubano. Los discos de Pachanga, llegan a Colombia. Son traidos de contabando por marineros que llegan al puerto de Buenaventura, radicado a 150 km de Cali. Aquella ciudad vive un cambio urbanítico importante. Se enamora de la cadencia y de la diversidad de las Pachangas.
Cuando surge el Boogaloo, los DJs lo aceleran al tocar los discos de 33 revoluciones en 45. Los bailarines que ofician en la zona de tolerancia, adoptan esos nuevos ritmos. Bailan frenéticamente con los pies. Florecen los lugares de diversión en cada barrio caleño.

Estos nuevos sonidos predominan hasta que aparezca la Salsa. Ese nuevo genero neoyorquino es un puente entre la música antillana y los nuevos géneros musicales urbanos norteamericanos.
Al inicio de los 80, las disqueras promueven una Salsa comercial, para conquistar una mayor audiencia y generar mas ganancias. Aquella “Salsa Balada” que cuenta la intimidad de las parejas, es bautizada salsa erótica y considerada, como poca creativa.
Los pioneros del baile caleño dejan las pistas de baile, mientras que los negocios pachangueros ya desaparecieron desde hace una decada.

Algo nostalgícos, algo amargados por el dominio de las músicas que levantan y “decerebran” a la juventud de hoy en día, grupos de la Vieja Escuela deciden retomar espacios para bailar al ritmo de la música de “anteaño”.