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UN MUSEO A CIELO ABIERTO


Mediante fotografías tomadas con una camara Rolleiflex, para la dulzura de sus devoluciones y sus colores vivos, vuelvo a trazar los paseos efectuados por el pintór holandés Vincent van Gogh, en busca de inspiración en Auvers-sur-Oise.

 

 

 

En los pasos de van Gogh, me metamorfoseo primero en caminante de otro tiempo. Los itinerarios son elaborados a partir de los 70 cuadros elaborados en 1890, en este pequeño pueblo del Val-d’Oise.

Entrar en comunión con artista no se hizo frente a sus cuadros, sino allí donde pinta. En estos paisajes descubro fragmentos, que luego represento.
Una gestión arriesgada y empírica. Ser yo mismo es la apuesta, para no ponerme en el lugar de Vincent van Gogh.

La intención es de no traicionar las imágenes mentales, que pude guardar del artista. Y dejarlas venir sin el menor aviso, enturbiar mi pensamiento.

Frotarse a la psicología y a la intimidad de un artista fuera de norma, es coger la felicidad que proporciona. También es sentir la aproximación instantánea con una tierra y sus habitantes. El encanto de colores vivos y saturados fruta de una intensidad luminosa carismática.

Así comparto la admiración del pintor que anda. Evoco los sentimientos generados por sus evocaciones : una unión con un paisaje, la encarnación de un territorio.

Coherencia y unidad de las imágenes

Sacar provecho del momento sin movimiento. Dejar el paso pararse a solas ; permanecer estático frente a la rotación del sol.

En la lentitud, la fotografía se hace la prolongación natural de una meditación al caminar. Testimonia un estado, materializa una respiración. La cadencia de las tomas fotográficas esta generada por un pulso singular, producto de la topografía como de la intensidad de la luz que hay que reflejar.

 

Vincent van Gogh, un museo a cielo abierto
Ultima morada